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Flexibilidad cognitiva y procesos de cambio… o cómo dejar de ir en “piloto automático”

Si reflexionamos un poco, gran parte de lo que hacemos a diario, lo hacemos en modo “piloto automático” del que muchas veces cuesta salir.

El modo en que funciona el cerebro hace que caigamos en la inercia, repitiendo patrones que nos impiden avanzar hacia nuevas metas y plantearse nuevos retos.

En efecto, esta inercia se ha ido generando a partir de la concatenación de diversos sesgos cognitivos, sistemas de creencias que muchas veces no son más que “humo”, constructos elaborados a base de meras fabulaciones y recuerdos distorsionados por nuestro inconsciente en función del estado emocional presente en el momento en que se desarrollaron los hechos reales. El cerebro busca poner orden por encima del caos y siguiendo el principio de mínimo esfuerzo … a costa de tomar distancia con la realidad.

Una de las célebres frases de Albert Einstein es “Locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes”. Parece una obviedad, pero es una trampa en la que el ser humano cae a la primera de cambio.

Nos encontramos que el mundo real es ciertamente caótico, cambiante, incierto e imprevisible (lo que hoy en día conocemos como entornos VUCA). Es por todo ello que frecuentemente emergen una serie de problemáticas de resistencia al cambio cuando las personas o las organizaciones tienen que adaptarse a las nuevas circunstancias y contextos.

En el mundo de la empresa es necesario entender cómo funcionan estos procesos mentales que nos lleva a ir en “piloto automático” y aplicar herramientas con las que podemos contar para salir de la inercia gestionando mucho mejor los procesos de transformación cultural, una transformación digital, relevos generacionales, etc.

Lo cierto es que todos disponemos de lo que en psicología se ha denominado flexibilidad cognitiva: es la capacidad de cambiar nuestro enfoque para adaptarnos de forma más eficiente a nuevos contextos.

No siempre es fácil ver que tenemos esa capacidad, pero estamos dotados naturalmente de ella. En ocasiones se necesita ayuda para la toma de consciencia de este hecho. Éste constituye el primer paso para empezar a trabajar en esa competencia mental que conlleva una serie de beneficios:

  • Nos permite adaptarnos de forma más rápida y eficiente a los cambios. Alivia, de alguna forma la resistencia al cambio.
  • Mejora la resiliencia y la capacidad para superar los problemas
  • Mejora el bienestar y el estado general de ánimo
  • Reduce el estrés negativo que inmoviliza, que inhabilita y que paraliza la toma de decisiones.
  • Fomenta la polivalencia y la versatilidad
  • Estimula el pensamiento creativo

¿Cómo potenciar la flexibilidad cognitiva?

Hay que entrenar el cerebro… Algunas estrategias nos pueden ayudar para afrontar nuevos retos:

Nos podemos plantear activamente retos o “mini-desafíos” para no hacer siempre las cosas de la misma forma. Puedes listar las actividades que haces y proponerte hacer cada día algo diferente, pensando en ideas que ayuden a mejorar lo que haces y cómo te sientes cuando lo haces.

 

 

Tener la valentía de “borrar” mentalmente lo que está establecido y redibujarlo con mirada de niño, sin trabas, sin corsés y sin límites, dejando rienda suelta a la creatividad y el pensamiento abstracto.

 

 

Activar el pensamiento crítico, pero de forma constructiva, dejando paso a nuevas ideas, considerando otras perspectivas, analizando alternativas.

Mirar al futuro y ver las nuevas posibilidades.

 

 

No dar nada por supuesto

Cuestionar las relaciones de causa-efecto, los tiempos, el esfuerzo que requieren las tareas, las expectativas…

 

 

 

Mejorar las estimaciones compartiéndolas con los demás y buscando el consenso, por ejemplo, con herramientas como el Planning Poker que se utiliza en los marcos de trabajo Agile.

 

 

 

Salir del contexto de trabajo habitual, realizar actividad física o escuchar música son actividades que mejoran la activación cerebral.

 

 

 

En definitiva, para innovar hay que ser explorador de nuevas experiencias, mantener activa la curiosidad, tener activado el radar de todo lo nuevo que acontece a nuestro alrededor: cambios tecnológicos, tendencias sociológicas, posibles alianzas… que nos lleven hacia nuevas oportunidades.

Todo esto tiene aplicación en el plano personal, pero también en las organizaciones que necesitan adaptarse a cambios y procesos de transformación. De hecho, el Foro de Davos ya auguró que la flexibilidad cognitiva sería una de las competencias clave de 2020.

En Prysma disponemos de consultores que pueden ayudarte a conseguir ventajas competitivas en el diseño de sus organizaciones y resolver necesidades en cuanto a Estrategia y Gestión.

Además, ofrecemos un amplio catálogo de formación destinada a mejorar habilidades y competencias personales, así como para la adopción de modelos de gestión menos rígidos y más ágiles (Marco de trabajo AGILE).

Autor:
Teresa Pérez
Prysma