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Política de innovación regional / desarrollo económico local

Observando en años de crisis económica a las organizaciones productivas de nuestro país, no descubro nada si concluyo que las empresas son más resistentes y competitivas si son parte de un ecosistema de innovación. Es decir, las empresas más sostenibles a nivel económico son las que colaboran sistemáticamente con otras empresas de su cadena de valor, con entidades académicas y de investigación y con representantes de sus clientes, en marcos de relación basados en la confianza y la orientación a los retos de futuro.

La segunda conclusión es menos evidente y quizás menos compartida por la opinión general sobre el tema. Digo que un ecosistema de innovación solamente puede funcionar correctamente si es liderado activamente por un gobierno local o regional. Y no sólo generando el marco de relación sino también cogiendo las riendas de la gestión del mismo, movilizando día a día la colaboración de sus miembros. Justifico que esta conclusión a partir de 3 observaciones contrastadas en diferentes territorios donde Prysma ha estado colaborando.

La primera es que empresas, los centros de investigación y la sociedad civil hablan diferentes lenguajes al territorial, pues se orientan a diferentes objetivos y se gobiernan con diferentes modelos de decisión basados en valores específicos. Una empresa no entenderá a primera vista el objetivo de trabajar para la cohesión social o los ciclos políticos que tanto marcan las decisiones públicas. A los investigadores les costará bajar a la imperfecta realidad de la aplicación de sus conocimientos avanzados.

La segunda es que ni sector privado, ni organizaciones dedicadas a la investigación ni colectivos de la sociedad civil pueden generar la confianza necesaria sobre todo el grupo. Todos representan una parte del todo, su interés es parcial. Una empresa o institución privada no puede ser el referente principal del ecosistema de innovación, no generaría la neutralidad y credibilidad necesaria.

La tercera es que ninguno de estos actores tiene como objeto esta función de desarrollo de ecosistemas de innovación: las empresas se orientan a producir para rentabilizar sus inversiones, la investigación pretende contribuir al conocimiento global y la sociedad civil, mejorar los bienes y servicios del mercado. Ninguno va a invertir ni un minuto a cuestiones colectivas que no tengan un retorno particular más o menos seguro, sea en efectivo o en conocimiento. No es viable, no hay recursos para ello, a excepción de las grandes empresas de cada sector, que monopolizan muchas veces la representación de un aparente “ecosistema empresarial”. Esto es más un lobby, o un oligopolio, más que un ecosistema. ¿Cuántas pimes de nuestro país no pueden participar de ellos por falta de tiempo y por falta de influencia?

La administración pública tampoco interiorizará rápidamente la necesidad de las empresas de rentabilizar cada minuto invertido por su parte ni la de proteger sus estrategias frente a la competencia.

Autor: Jordi Garcia Brustenga, gerente de consultoría de Prysma, experto en políticas de innovación territorial

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