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Metodologías Agiles: Realidad y Ficción

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Honradamente creo que la mayor aportación a la excelencia en los últimos 25 años en AGILE. Ya sabemos que la crisis en EFQM es casi imparable, en un modelo que se fagocita así mismo a base de endogamia y lenguajes que los empresarios no entienden; y los empresarios deberían ser el público objetivo de EFQM y NO los directivos (ya saben, el viejo chiste de los huevos con jamón, ¿Quién está implicado y quien está comprometido?…

AGILE llega más al corazón y a la intuición, pero, creo, choca también con los talibanes que pretenden marcar la línea roja de que es AGILE y que no es AGILE.

Personalmente creo que la línea la marca la honradez. Valor escaso hoy en día, especialmente si observamos nuestro congreso de los diputados.

Me gusta AGILE porque es libre, por eso me molestan los talibanes que, buscando enseguida una certificación de pago de la que vivir, pretenden repartir certificados de pureza.

AGILE es una herramienta que nace del desarrollo SW y llega al desarrollo de todo, pero ojo, la palabra clave es “desarrollo”, es decir, creación, innovación, nuevos productos etc.  Si pretendemos utilizarla fuera de ese desarrollo vamos mal y de ahí los tortazos.

AGILE, es un campo de Ken Schwaber and Jeff Sutherland (y ahora del hijo de éste, porque el padre no se ha resistido al efecto “hijo de la folclórica”), pero hay otro entorno, el de MANAGEMENT 3.0 (nombre puesto con especial poco acierto) del bueno de Jurgen Appelo, que es otra cosa, porque sí hablamos ahora de un marco de estrategia de gestión ágil (ahora con minúscula, más real).

El M 3.0. ya no solo habla de desarrollo sino de gestión. Si me apuran no habla de estrategia (palabra gastada donde las haya) si no de tácticas, es decir, de herramientas y enfoques para desarrollar una estrategia, pero sin ese latazo que da EFQM con que todo, o casi todo, es estrategia.

M 3.0. se resumen de forma fácil: escucha a tu cliente, escucha y premia a tu gente, ensaya, date plazos cortos y mejora continua. De puro simple es, o puede sonar, insultante, pero es que las herramientas complejas son muy espectaculares, pero son perfectamente inútiles.

La sencillez es la clave. La agilidad de Appelo no necesita realmente consultores, solo empresarios (los directivos pueden valer, pero mirando bien) con dos dedos de frente. Al igual que los 3 Principios de Sydney Banks, que son insultantemente sencillos y dificilísimos de aplicar y mas de entender, la agilidad, la real, huye de todas esas ataduras que intereses económicos tratan de imponer para que pases, para que pasemos, por el aro y paguemos el pase.

Los pensamientos de Apello, y sus libros, están a disposición de la sociedad. Es verdad que una de las herramientas, scrum, puede y debe de tener ciertas reglas, pero sin la santa inquisición, Por favor.

La agilidad aporta al conocimiento la ausencia de complejos cuando, con total y juvenil descaro, copia todo aquello que funciona y lo recomienda (cualquier talibán calidototalitario se espeluzna ante cualquier cosa que no sea ciscarse en el pasado, a pesar de llevar anclado 20 años en el mismo sitio) Por lo tanto ¿Por qué no admitir otra variación? Yo no estoy hablando de escribir textos académicos alternativos, estoy hablando de adaptar la agilidad, e incluso scrum a mi jorobada realidad. Y los gurúes que se j…..n.

La agilidad puede darle la vuelta (para bien) a su empresa, es cierto, pero no se la puede dar sin usted, sin el jefe y sin los trabajadores, La agilidad, con Appelo, le va a dar muchas pistas, pero el camino es suyo, adáptelo sin vergüenza y no contrate a su propio inquisidor para que le diga que es puro y que es impuro.

El riesgo, tremendo que corre la agilidad es la reproducción fúngica de propietarios de la verdad que reparten cedulas de pureza. De verdad, coja usted AGILE, la agilidad, y quédese con lo que guste y, sobre todo, con lo que funcione. Es cierto que, si usted no cree en los equipos, no debe usar SCRUM. Es cierto que si desconfía de las personas no las debe de empoderar, porque solo va a crear conflictos. Es cierto que, si no escucha a su cliente y solo habla mal de él en la oficina, no tiene sentido estudiar sus necesidades. Si solo marea la perdiz, no se ponga plazos cortos de desarrollo. En definitiva, si usted no es muy listo, pero es muy jefe, deje esto de la agilidad para sus competidores. Pero si usted es listo APLIQUELÓ, pero, por favor, pase de los Torquemadas.

Porque, como sabemos los viejos, la realidad es tozuda. Los modelos no son capaces, ninguno, de recoger la diversidad, las culturas, los problemas, de todas las empresas. Solo esquemas abiertos, libres, sin excomuniones son capaces de dar respuesta.

Pero dan respuesta solo y exclusivamente a quien busca soluciones, pero no a los que están encantados de haberse conocido. La agilidad requiere un mínimo de humildad, que, si bien viene de serie en las personas inteligentes, en el resto hay que buscarla.

¡Claro que es bueno que busque apoyo¡, pero que ese apoyo sea cercano, que se adapte a su pensamiento, sus procesos y su entorno, no se case con alguien que quiere cambiarle a su imagen y semejanza para quererle. Con ello defiendo el papel, como no, del consultor, pero de aquel que está al servicio de su cliente y de sus necesidades y de su cultura.

Autor:
Serafin Carballo
Prysma