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ELABORACIÓN DE UN PLAN DE RESPONSABILIDAD SOCIAL

En la última década, la Responsabilidad Social en las empresas ha pasado de ser algo más o menos importante a ser algo totalmente imprescindible para garantizar la sostenibilidad a medio plazo.

No sólo los clientes tienen un papel decisivo en la sostenibilidad de las empresas, la sociedad en general influye notablemente en la aceptación de organizaciones y sectores concretos. El hecho de que la sociedad, la administración e incluso nuestros propios proveedores nos valoren favorablemente por nuestro comportamiento ético y social garantiza en gran medida, nuestro desarrollo sostenible.

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A la hora de abordar un proyecto de Responsabilidad Social, debemos tener claro, las verdaderas implicaciones y lo que ello supone. Hacer “acción social”  o “reducir nuestro impacto medioambiental” es fácil, cualquiera lo sabe hacer, pero maximizar el retorno de mi inversión y optimizar el impacto en mis grupos de interés es más complicado.

Para lograrlo, los pasos básicos que recomiendo son los siguientes.

  • Definir una estrategia empresarial que incluya nuestro concepto de empresa socialmente responsable, es decir cómo queremos ser reconocidos. Ejemplo: empresa innovadora, que se preocupa del medio ambiente, que se involucra con la comunidad local…
  • Identificar y priorizar mis grupos de interés: no sólo identificarlos sino priorizar dentro de cada grupo cuales son los segmentos que realmente me importan. Ejemplo: no me debo de quedar a nivel de proveedores como grupo de interés sino que debo identificar cuales son mis proveedores estratégicos y cuáles no.
  • Definir canales de comunicación específicos para cada grupo de interés prioritario, que me permitan obtener información sobre cuáles son los aspectos de mi actividad directa e indirecta que son realmente importante para ellos. Los canales tradicionales como web, memorias… deben complementarse con canales proactivos que fuercen el diálogo y aseguren el éxito. Ejemplo: focus Group, paneles…
  • Analizar la información obtenida de los grupos de interés y determinar los asuntos realmente importantes para cada grupo. El objetivo es saber hacia dónde debo orientar mi Plan de Responsabilidad Social. En este apartado los estudios de materialidad pueden ayudarnos.
  • Identificar cuáles son los puntos en común entre los asuntos relevantes para los grupos de interés y mi estratégica general de RSC.
  • Desplegar los puntos en común en un Plan de Acción de RSC. Ejemplo: si me estrategia se centra en ser reconocida como una empresa con un comportamiento medioambiental ejemplar y mis grupos de interés prioritarios me dicen que en ese apartado lo más importante es la eficiencia energética, mis acciones se orientaran claramente en este campo. El problema vendría si no hay puntos en común, lo que debería llevar a replantear mi estrategia.
  • Medir el impacto de mis acciones. Cada acción de mi plan debe tener definido un objetivo concreto y unos indicadores de seguimiento asociados. En mi opinión no existe una fórmula única ni una metodología que me permita medir el beneficio de mis acciones, pero si puedo medir si cumplen lo que se esperaba.

Si elaboramos un Plan de RSC con estos principios básicos estaremos orientados en todo momento a nuestros grupos de interés consiguiendo optimizar el impacto positivo y además estaremos alineados con la estrategia de la compañía.

Debemos saber también que los Planes de Responsabilidad Social deben servir para comunicarnos de forma transparente y fluida con nuestros grupos de interés. Muchas veces, las acciones sociales que se desarrollan (colaboraciones, donaciones, jornadas de integración…) no son valoradas suficientemente por los interesados, debido a que no se utilizan suficiente y adecuadamente los canales de comunicación disponibles.

No cabe duda, que las empresas que desarrollan Planes de Responsabilidad Social deben “hacerlos valer” con sus grupos de interés. Por ello es importante el uso de herramientas específicas, como Memorias de Responsabilidad Social o Sostenibilidad. Si además las memorias son realizadas siguiendo los estándares internacionales del GRI (Global Reporting Initiative), podrán ser verificadas por una entidad externa que reconozca su validez a nivel internacional, lo cual es un elemento añadido de difusión y distinción respecto a otras empresas y organizaciones.

Autor:
César Martín
cmartin@prysma.es
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